MÉXICO Y LA MALDICIÓN DE LOS RECURSOS NATURALES
La hipótesis de la maldición de los recursos naturales se refiere, entre otras cosas, a la relativa abundancia de recursos no renovables, como el petróleo, y su paradójica contrapartida de bajos ritmos de crecimiento de la economía. Otros factores involucrados en esta propuesta teórica se refieren a la volatilidad de los precios de estos productos como resultado de su exposición al mercado mundial así como la participación, ineficaz, de gobiernos e instituciones asociadas a las industrias, por ejemplo, la petrolera.
La situación por la que atraviesa actualmente la economía mexicana se ajusta, por lo menos en parte, a la hipótesis referida arriba. Aunque el flujo de los recursos petroleros ya no es tan abundante como lo fue hace uno o dos lustros, México ha disfrutado de una posición relativamente abundante de recursos petroleros. No hay que olvidar que hasta el momento esos recursos financian una proporción significativa, alrededor de 30 por ciento, del gasto público. A pesar de esa abundancia relativa, desde hace décadas el crecimiento de la economía mexicana es exiguo, y tal y como lo plantea la hipótesis de la maldición, ha existido un pésimo manejo de los recursos no renovables en México. La corrupción y la política fiscal aplicada a la industria, principalmente, han sido factores endémicos que han, por ejemplo, minado las bases económicas y financieras de la industria.
Esta situación es importante porque en la economía existe también la preocupación de establecer una línea de conexión entre la explotación actual de estos recursos naturales no renovables, el petróleo, y sus impactos intertemporales. Economistas como Dasgupta, Meir y otros se han preocupado por calcular lo que han denominado tasas óptimas de extracción de esos recursos que permitan lograr el uso más eficiente actual con los impactos futuros también mejores y más duraderos. La idea principal que anima este planteamiento es que debido a que estos recursos no son renovables hay que invertirlos -lo que algunos economistas han denominado el ahorro genuino- en ámbitos de la economía que aseguren creación futura de riqueza, empleo y más, aunque los recursos ya no existan. En otras palabras, sustituir la riqueza actual, no renovable, por otra, duradera en el futuro.
En esa dimensión, México tiene un récord muy polémico. Habría que admitir que parte de la riqueza petrolera ha financiado la creación de infraestructura, carreteras, presas, almacenes, universidades, que hoy son importantes para el país. Sin embargo, cierto es también que una proporción no menor de esos recursos se han dilapidado en vías de gasto corriente y corrupción.

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